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El Canal de Panamá: Un recurso en peligro ante la sequía y los desafíos climáticos

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El Canal de Panamá, una de las obras de ingeniería más emblemáticas del mundo, enfrenta una crisis hídrica que podría comprometer su funcionamiento. Durante la temporada de lluvias, la cuenca del canal registró una reducción del 34% en las precipitaciones, mientras que en la costa del Pacífico el déficit alcanzó el 60%.

Este fenómeno se debe a la aparición de El Niño, que altera los patrones climáticos y que, en esta ocasión, se prevé que sea uno de los más intensos en décadas, con un 75% de probabilidad de ser el más fuerte desde 1950. El impacto de este fenómeno se siente no solo en Panamá, sino también en toda Centroamérica, donde la sequía y la inseguridad alimentaria son cada vez más preocupantes.

El 25 de agosto, Panamá declaró estado de emergencia nacional, ya que once de sus 51 cuencas hidrográficas se encuentran en estrés hídrico. Las limitaciones en el suministro de agua han afectado a la hidroeléctrica de Bayano y a más de 50 tomas de agua potable, lo que repercute en la operatividad del canal.

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Para que los buques crucen el canal, deben ascender a través de esclusas que utilizan agua dulce del lago Gatún, situado a 26 metros sobre el nivel del mar. Cada cruce de un barco implica la descarga de aproximadamente 200 millones de litros de agua dulce al océano, una situación que pone en riesgo el abastecimiento de agua de más de la mitad de la población panameña.

Desde septiembre, la cantidad de cruces diarios disminuyó de 36 a 32, lo que ha generado un efecto dominó en la economía regional. Las navieras se enfrentan a un estrés financiero creciente y el costo de los cupos para cruzar el canal ha aumentado drásticamente. Las proyecciones indican que este año fiscal se espera que pasen 743 barcos menos que en años anteriores.

En Centroamérica, el impacto de la sequía se traduce en una crisis alimentaria. En el Corredor Seco, que se extiende desde el sur de México hasta Costa Rica, 11,5 millones de personas dependen de la agricultura, y muchas familias han perdido la mayor parte de sus cosechas. Se estima que 16 millones de personas en América Latina podrían enfrentar inseguridad alimentaria.

La situación del Canal de Panamá también tiene repercusiones geopolíticas. La reducción en el tráfico marítimo ha revitalizado la atención hacia el estrecho de Magallanes, donde el tráfico de barcos ha crecido más de un 70% en comparación con el año anterior, lo que plantea un nuevo escenario estratégico para el comercio internacional.

El impacto de la sequía en Panamá puede servir como un espejo de lo que podría ocurrir en Argentina, donde el fenómeno de El Niño también tiene efectos significativos. Las inundaciones en el Litoral argentino son una de las consecuencias visibles de este cambio climático, que afecta tanto a la logística como a la economía de exportación del país.

La conclusión es que el Canal de Panamá no desaparecerá, pero cada temporada seca que enfrenta lo vuelve más costoso y complicado. Las dinámicas climáticas están cambiando la forma en que se concibe el comercio internacional, y la Argentina, en este contexto, deberá definir su rol en un futuro donde la escasez de recursos hídricos será un tema central.

Fuente: La Nación

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