Argentina enfrenta un desafío recurrente en su historia económica: financiar el desarrollo sin desbordar las cuentas públicas. A lo largo del tiempo, los intentos del Estado por impulsar el crecimiento y el gasto social, sin contar con una base sólida de recursos, han llevado al país a ciclos de déficit, deuda, emisión e inflación.
Un dato revelador es que Argentina no es un país con baja presión tributaria, ya que recauda aproximadamente 27,6% del PBI, la segunda carga más alta de América Latina, solo detrás de Brasil. El problema radica no en la cantidad que se cobra, sino en quiénes y cómo lo hacen. La creciente informalidad ha concentrado la carga en el sector formal, donde la presión real supera el 42%.
La estructura del sistema tributario también presenta deficiencias. Predominan los impuestos indirectos, como el IVA y las retenciones, mientras que los impuestos sobre ingresos y patrimonios son escasos. Esto resulta en un sistema regresivo, donde el decil más pobre destina más del 35% de sus ingresos a impuestos, en contraste con menos del 25% que paga el más rico. En lugar de corregir desigualdades, el sistema actual las agrava.
La ineficiencia se suma a la inequidad. Impuestos como las retenciones y el impuesto al cheque desincentivan la producción y la bancarización, favoreciendo la informalidad. Con una evasión fiscal que alcanza niveles alarmantes, aquellos que cumplen con sus obligaciones fiscales terminan pagando el costo de los incumplimientos.
La inestabilidad del sistema tributario agrava la situación, ya que las reglas cambian frecuentemente, y la recaudación tiende a ser procíclica, aumentando en los buenos tiempos y cayendo drásticamente en las crisis. Esto crea una trampa que dificulta la planificación fiscal y genera déficits que deben ser cerrados rápidamente.
Sin embargo, hay una salida. La propuesta se centra en redistribuir la carga tributaria hacia una estructura más simple y progresiva, sin necesidad de aumentar la presión fiscal. Esto implica reducir o eliminar impuestos perjudiciales y fortalecer aquellos que gravan los ingresos altos y las rentas de recursos naturales.
Además, es fundamental abordar el federalismo en el sistema tributario. La falta de coordinación entre Nación, provincias y municipios ha llevado a un desorden que dificulta la recaudación eficiente. Armonizar impuestos y establecer una nueva ley de coparticipación podría mejorar la previsibilidad y la estabilidad del sistema.
Un sistema tributario eficiente no garantiza el desarrollo, pero uno deficiente puede obstaculizarlo. La reciente publicación de Argendata sobre el sistema tributario argentino proporciona datos y gráficos que ilustran los problemas y las oportunidades de reforma.
La discusión sobre la recaudación no se limita a cuánto se obtiene, sino a cómo un sistema más equitativo y eficiente puede mejorar las condiciones para la producción y la inversión, permitiendo recuperar espacio fiscal para financiar áreas críticas como salud, educación y infraestructura.
Fuente: NA






