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La despedida del Indio Solari: abrieron las puertas del Polideportivo Gatica para que la multitud pueda dar el último adiós al artista en Villa Domínico

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A las 9 de la mañana, dos horas antes de la apertura de puertas, ya había una multitud frente al Polideportivo Gatica.

No hay un vallado que organice la fila en toda su extensión, que ya supera las 15 cuadras. Está formada de manera espontánea, por ahora sin incidentes, en el centro de la avenida Mitre. A sus lados, marcando los límites, aparecen cientos de puestos de merchandising y comida, dos filas interminables de gazebos.

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El ingreso es por la calle general Otero, hasta la avenida Bartolomé Mitre, donde aparece la marea de gente. Los que lleguen en tren, deben bajar en la estación Villa Domínico y rodear todo el parque.

Nadie sabe con certeza cuánta gente puede llegar hoy hasta aquí. La familia prometió que el sepelio va a continuar “hasta que haga falta”.

Hay un anillo de seguridad alrededor del Parque de los Trabajadores, en Villa Domínico, Avellaneda. Todos el perímetro está cortado. Hay desplegados efectivos de la policía motorizada y de infantería.

Desde que la familia del Indio Solari reveló dónde sería velado el artista, comenzó la procesión de fanáticos desde distintos puntos del país hasta el lugar.

Algunos pasaron la noche acá. Parte de un grupo de Laferrere que llegó a las 23 horas sigue durmiendo en la vereda, al reparo del frío y el rocío, bajo un balcón.

Un grupo de Isidro Casanova expresa su luto desde la 1 am con una enorme bandera negra.

Miguel está llorando entre la gente, abrazado a su novia, Micaela. Es de Rafael Castillo. “El indio es mi vida. Estuvo en mis mejores y en mis peores momentos. Voy a estar acá hasta que lo vea. Es todo para mí. Estaba trabajando cuando me enteré, soy pastelero… Dejé todo para venir acá. Ojalá lo pueda despedir. Me acordé de todos los seres queridos con los que compartí sus recitales”.

Hay puestos de merchandising improvisados en la calle y también una buena cantidad de parrillas.

Las remeras se venden a 20 mil pesos y buzos a 40 mil. “Estoy viendo la oferta, pera que recién baje”, se escucha decir a un muchacho envuelto en una bandera. “Esto es como ir caminando por la calle Avellaneda”, dice.

En los puestos de comida hay variedad: y el choripán cuesta 7mil mientras que el café “con porción de torta” se consigue por 4 mil. El vaso de Fernet con gaseosa está 12 mil pesos y la lata a de cerveza, 5 mil. En la estación de Villa Domínico hay también puestos que venden tortillas fritas y empanadas.

Hay una furgoneta convertida en quisco y, dice un vendedor, “para los que quieran dejar una ofrenda al Indio”, las rosas cuestan 5 mil pesos y las velas 2 mil.

Daniel (47), de Quilmes, vino con su mujer, Pamela (13), y su hija Luciana (13). “Fuimos juntos a todos lados.

A las 9:50,una hora y diez minutos antes de lo previsto, abrieron las puertas del Polideportivo Gatica.

La gente entra de forma ordenada, con banderas o lo que traen consigo.

Hay escenas de emoción a flor de piel. Gritos de dolor y personas que se tiran al piso para expresar su pena. Mucha gente llorando.

Más cerca del polideportivo hay un vallado que conduce sí a la Capilla Ardiente. Cruzando ese vallado aparecen las ambulancias, personal de Cruz Roja y SAME.

La marea humana que compone la fila, matiza la espera cantando temas de los Redonditos de Ricota. Pero también se expresa políticamente: cantan “traigan al gorila de Milei” y “la patria no se vende”.

La Capilla Ardiente

La fila ingresa ordenada al Polideportivo Gatica, pintado de verde. La organización va haciendo entrar al público por tandas. El flujo es continuo, prácticamente no hay momentos de espera.

El clima de fiesta cambia radicalmente al ingresar a la capilla ardiente, donde todo es emoción. Reina el silencio y se escucha el llanto de los seguidores del Indio.

Primero hay algunos cuadros expuestos. Dice un fanático que es “el arte digital que hacía el Indio”.

La fila pasa frente al ataúd que contiene los restos mortales del Indio Solari, que es de madera y tiene ocho herrajes plateados.

Está solo, sin personas a su alrededor, a tres metros del vallado. Detrás, hay una pantalla LED que dice “INDIO”, nada más.

La idea es que nadie se detenga, que la multitud siga caminando mientras expresa su amor al ídolo.

Hay fanáticos que aplauden, otros que gritan letras de canciones, muchos que agradecen, aunque la mayoría rompe en llanto…

Todos están con sus celulares en las manos, intentan filmar o sacar una foto, llevarse un último recuerdo.

“Gracias por cómo nos respetaron a todos”, dice un hombre a la organización.

Noticia en desarrollo…


Fuente: La Nación

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