El concepto de resiliencia ha evolucionado significativamente desde su introducción en la ecología. En 1973, el ecólogo canadiense Stanley Crawford Holling redefinió la resiliencia, alejándola de su entendimiento original como la capacidad de un sistema para regresar a su estado inicial tras una perturbación. En lugar de centrarse en la resistencia, Holling argumentó que la resiliencia está más relacionada con la persistencia y la capacidad de un sistema para reorganizarse y mantener su identidad a pesar de los cambios.
La perspectiva de Holling generó controversia entre quienes limitaban la resiliencia a características de objetos físicos. Su enfoque más holístico considera el contexto en el que ocurre la resiliencia, integrando factores como el ambiente, los vínculos sociales y culturales, y las condiciones del ecosistema.
En el ámbito de la psicología, el psiquiatra Boris Cyrulnik ha llevado este concepto a nuevas dimensiones. Superviviente del nazismo, Cyrulnik enfatiza que, aunque el trauma nunca se olvida, lo crucial es la transformación que una persona puede alcanzar a partir de él. Su trabajo resalta la importancia de los apoyos externos en el proceso de recuperación.
Por su parte, el biólogo Philip T. Starks de la universidad de Tufts, advierte que enfocar la resiliencia únicamente en el individuo puede resultar en una distribución injusta de responsabilidades. Starks argumenta que la recuperación requiere un entorno de apoyo que incluya vínculos y condiciones sociales adecuadas. Su crítica se dirige a la tendencia de glorificar el heroísmo individual, lo que puede llevar a ignorar las dificultades que enfrentan aquellos que no cuentan con el mismo respaldo.
En su artículo publicado en Psyche Weekly, Starks señala que la cultura moderna tiende a celebrar a quienes superan adversidades, validando un concepto de excelencia que deja de lado a quienes no han tenido la misma fortuna. Esta visión meritocrática puede desviar la atención de los sistemas necesarios para la recuperación.
Finalmente, tanto Cyrulnik como Starks coinciden en que es fundamental adoptar un enfoque más integrativo y comprensivo al hablar de resiliencia. En lugar de ver solo la aparente recuperación, es vital reconocer el costo emocional y las cicatrices que pueden quedar tras el proceso de recuperación.
Fuente: La Nación






