Brendon Grimshaw, un periodista británico, transformó una pequeña isla deshabitada en las Seychelles en un refugio para la vida silvestre tras adquirirla en 1962. La isla, conocida como Moyenne, fue comprada por £8000, equivalente a US$273.000 actuales. Este acto marcó el inicio de una vida dedicada a la conservación y la naturaleza.
Durante su estancia en Seychelles, Grimshaw se sintió inspirado por la belleza natural del lugar y decidió alejarse de su carrera en el periodismo. La isla Moyenne, de apenas 0,4 kilómetros de largo y 0,3 kilómetros de ancho, había estado abandonada durante casi medio siglo, con solo una familia de pescadores residiendo allí.
La vegetación de la isla se encontraba en un estado crítico. Decenas de años de abandono habían cubierto el terreno con maleza densa, dificultando el acceso. Grimshaw, con la ayuda de René Antoine Lafortune, un pescador local, se dedicó a restaurar el ecosistema de Moyenne. Juntos, plantaron más de 16.000 árboles de especies autóctonas en un esfuerzo por revitalizar el área.
El trabajo de estos dos hombres no solo se centró en la flora; también transportaron y liberaron casi 120 tortugas, incluidas las tortugas gigantes de Aldabra, que actualmente están catalogadas como vulnerables. Este esfuerzo de restauración atrajo a más de 200 especies de aves al territorio.
A pesar de recibir ofertas millonarias, incluida una de US$50 millones de un príncipe saudí, Grimshaw nunca estuvo dispuesto a vender su proyecto de vida. En 2009, tras la muerte de Lafortune, Moyenne fue declarada parque nacional. Hoy en día, la isla cuenta con un cementerio, una iglesia y un restaurante, y su aforo diario está limitado a 50 turistas, asegurando la preservación del entorno natural.
Los visitantes no solo disfrutan de la rica biodiversidad, sino también de las leyendas locales que rodean la isla, incluyendo la existencia de un tesoro escondido por piratas y relatos de apariciones fantasmales.
Fuente: La Nación






