Julio, un amante de los animales, emprendió un viaje de más de 450 kilómetros hacia el bioparque Temaikén con su familia, con la intención de reencontrarse con «Gordo», el pez gato de cola roja que había criado en su hogar durante dos años. Este emotivo reencuentro ha capturado la atención de miles de personas en las redes sociales tras convertirse en un fenómeno viral.
Durante su visita, el pez, que ahora vive en un ambiente adecuado y espacioso, mostró un comportamiento sorprendente al reconocer a su antiguo dueño. En un video compartido por el medio Aire Santa Fe, se observa cómo «Gordo» nadó directamente hacia Julio, ignorando a los demás visitantes, y se mantuvo cerca del cristal mientras agitaba sus característicos bigotes.
«Miren. Ese es mi bebé. Este el momento que quería y ansié cuando empezó la travesía: que llegue y que lo pueda ver la gente. Él vivía en una pensión y ahora vive en un hotel cinco estrellas», expresó Julio visiblemente emocionado.
La historia de este singular vínculo comenzó en 2024, cuando la familia adoptó varios peces, sin imaginar que uno de ellos crecería de forma desproporcionada. «Lo buscábamos en una bolsita de agua. Le habíamos comprado una calavera de juguete para la pecera y se metía por el ojo de lo chiquito que era», recordó Gladys, la esposa de Julio.
Con el tiempo, «Gordo» se volvió un pez de grandes dimensiones, llegando a pesar siete kilos. Cuando su crianza se volvió insostenible, el caso fue difundido por los medios, lo que permitió que Temaikén se hiciera cargo del pez y le brindara un hábitat adecuado.
El traslado de «Gordo» se realizó en condiciones óptimas, garantizando su bienestar durante todo el proceso. La bióloga marina Julieta Jañez, con más de dos décadas de experiencia en el bioparque, comentó: «Esta es una historia emocionante y siempre estamos trabajando en buscar el bienestar de las especies que recibimos».
Con su nuevo hogar, «Gordo» convive ahora con otros ejemplares de su especie que han estado en el bioparque durante años, y su historia ha generado un impacto positivo entre los visitantes y el personal del lugar.
Fuente: La Nación






